No hay budismo frente a hinduismo
frente a cristianismo frente a judaismo frente a islam.
Todos ellos son verdaderos en tanto que plantean la pregunta "quien soy yo?"

Todas las religiones no son mas que marcos alrededor del mismo espejo:
tu consciencia.




Mi padre, Ernesto Ibañez Neach, fue mi primer maestro. Desde que tengo memoria, solíamos mantener animadas conversaciones espirituales. Y, sobre todo, me enseñó a traves de la actitud: su arte, su amor, su devoción, su dedicación en todo lo que hacía.

En los años setenta me introdujo a Krishnamurti, su maestro por muchas décadas. Contemplé profundamente las enseñanzas de Krishnamurti, y eso condujo el proceso de indagación dentro de mí. Krishnamurti ha continuado siendo un referente de lucidez e independencia a lo largo de mi vida.

Simultaneamente, buceé en la biblioteca de mi padre, donde encontré el Bhagavad Gita, el Tao te king, las Eneadas de Plotino, libros de Teosofía, La Vida Impersonal de Joseph Benner, y algunos volúmenes de Nuevo Pensamiento como En armonía con el infinito, de R. W. Trine.

Pronto comencé a producir mi propia biblioteca, en la que destacaban el Isha Upanishad, la autobiografía de Yogananda, y las enseñanzas de Ramana Maharshi. También leí a Alan Watts y libros de introducción al Zen llenos de relatos. Más tarde, la vida de Ramakrishna.

Todo esto sucedió entre mis doce y mis diecisiete años. La indagación interior se fue desplegando espontaneamente y de una manera constante a lo largo de ese periodo, revelando la verdad absoluta, el ser infinito, y el funcionamiento del pensamiento, proyectando la realidad convencional, el mundo manifiesto, en el seno de la consciencia.

Recuerdo con nueve años preguntarle a mis padres por el significado de la palabra lama. Una pregunta inesperada y la primera referencia en mi vida al budismo.

Después del descenso del conocimiento, continué leyendo y explorando. Me trasladé a Barcelona para hacer estudios universitarios. Alli hice amistad con gente en el mundillo del yoga. Con uno de estos amigos formamos un grupo de estudio de los Yoga Sutras de Patanjali. También llevamos a cabo retiros de kundalini y practicamos kriyas esotéricas que mi amigo había aprendido de su maestro, Emilio Fiel.

Viviendo en Barcelona, conocí y frecuenté a Llum de la Selva, un ermitaño centenario con aspecto de patriarca, pionero del naturismo en España. En su asilvestrado jardín-residencia, donde tenía su humilde cabaña, solía recibir afablemente a docenas de jóvenes aficionados al vegetarianismo y a precursores de la nueva era, entre otros alternativos. El me inició y regaló un nombre. Siempre sentí su especial estima, como cuando me llevaba aparte a contarme historias de su vida espiritual. Entonces no había cumplido aun dieciocho.

En esa época, en Barcelona, descubrí las obras de Sri Aurobindo, por medio de una serie de charlas programadas en la Asociación de Amigos de la India, y donde asistí también a las conferencias impartidas por el Swami Satchidananda (icono hippy y fundador de la comuna Yogaville), por el adepto tántrico Swami Satyananda (de la Bihar School of Yoga), y por el Swami Chidananda (de la Divine Life Society), un hombre modesto y sabio.

Abandoné la universidad y me devolví a mi ciudad natal. Comencé entonces a visitar el recién fundado Sadhana Tantra Ashram, donde Emilio Fiel intentaba crear un experimento colectivo en libertad y consciencia. Mi primer retiro allá fue de Vipassana, al que siguieron otros seminarios. El ashram-comuna seguía fuertemente el modelo originado por Bhagwan Rajneesh en India. Tomé sannyas con Emilio. Nuevo nombre, ropa naranja.

Durante seis años y medio participé en incontables grupos de encuentro y talleres, experimentando con el legado de las principales tradiciones orientales además de con las prácticas formuladas por los pioneros del movimiento de potencial humano. También asumí la labor de facilitar e instruir en dos de esos cursos: la semana de Catarsis y Meditación (basado en la Meditación Dinámica de Rajneesh y otros grupos energetizadores), y el retiro de cinco dias Vichara (basado en la Intensiva de Iluminación de Charles Berner).

Una vez atravesada la primera etapa tantrika (1978-1980) dominada por el culto a la Devi cósmica, la práctica mántrica y el maithuna, la comunidad, liderada por Emilio Fiel, se orientó hacia el Zen como vía principal de práctica. Entre 1981 y 1986 pasé por docenas de sesshins. En suma fue una época fértil que me permitió liberar muchos samskaras y recapitular mi comprensión y capacidades unidas a muchas vidas de compromiso con las tradiciones de oriente.

A ese mismo periodo pertenece mi descubrimiento, negro sobre blanco, de muchos otros valiosos maestros. Sobre todo, Jnaneshwar (autor del sublime Amritanubhava), Shirdi Sai Baba (hallado originalmente en El juego de la Conciencia, de Muktananda), y Nisargadatta Maharaj. Solía presentar a mi padre los textos de los maestros que me parecían más interesantes. Cuando leyó a Nisargadatta declaró haber encontrado a su satguru, con el que permaneció unido desde entonces. Ojeé muchos otros libros en la biblioteca del ashram, de Gurdjieff a Satprem, pasando por Rumí, Evans-Wentz, Shankara y todos los clásicos hindúes.



Enseguida desarrollé simpatía y devoción hacia Shirdi Sai Nath, el fakir/avatar supremo. Su imagen, que concede su verdadero darshan, siempre me ha acompañado. Y Nisargadatta, junto con Sri Ramana y otros pocos, han permanecido para mí como la referencia entre los maestros contemporáneos de Vedanta no-dual. Una breve lista que incluye a Sri Ranjit Maharaj y a Sri Siddharameshwar Maharaj como mis más amados maestros en la materia. Siento una especial conexión con los gurus del Nav Nath sampradaya.

Después de mi experiencia ashrámica, al volver a mi ciudad natal (1986), empecé a ofrecer sesiones de Satsang en mi casa. También recibí formación como instructora de yoga (de la variedad más o menos gimnástica) y fundé un centro desde donde continué enseñando yoga, meditación y Vedanta (ofreciendo Satsang semanalmente).

En 1987 asistí en Suiza a un seminario de siete dias de Raja Yoga conducido por Vimala Thakar. Estar en su presencia me hizo sentirla como la personificación de la modestia y la autenticidad. Una verdadera jnani que no hacia aspavientos ni alarde acerca de su estado.

En 1990 lazos kármicos me llevaron al budismo Vajrayana. Ocurrió cuando mi centro fue contactado por un monasterio Kagyu-pa cercano en petición de que un alto lama pudiera ofrecer una conferencia en nuestra sala de actos. Esa personalidad era Beru Khyentse Rinpoche. Su charla fue un éxito de asistencia, y me causó que tomara interés en sus enseñanzas y que asistiera a sus iniciaciones durante ese fin de semana. Recibí los wang de Avalokiteshvara y de Tara. No por casualidad Arya Tara era precisamente el nombre de mi centro.

Ya introducida al estudio del Vajrayana, el karma quiso también que pusiera al día mi conexión de vidas pasadas con la escuela Nyingma. Un día me llegó al buzón un folleto ofreciéndome participar en un seminario de fin de semana de Dzogchen. Asistí y eso fue el comienzo de siete años de estudio en la tutela de Shenphen Dawa Norbu Rinpoche, un lama altamente realizado a cargo de una discreta sangha de yoguis y yoguinis de la Gran Perfección. Esencialmente, el lama me apuntó hacia el dharmakaya, la mente no conceptual de la realidad, por cuya inigualable generosidad le considero entre mis lamas raíz.

Entre otros grandes lamas de quienes recibí enseñanzas, bendiciones, o iniciaciones, están el Dalai Lama, Kusho Rikzin Wangme (la consorte de Dudjom Rinpoche II), Dodrupchen Rinpoche, Khyentse Yangsi Rinpoche (Ugyen Tenzin Jigme Lhundrup), Dudjom Yangsi (Tenzin Yeshe Dorje), Penor Rinpoche, Jigme Khyentse Rinpoche, Tai Situ Rinpoche, Shakya Trinzin, y Spiti Tulku Yomed Rinpoche. También experimenté auspiciosos encuentros con Sogyal Rinpoche, Kalu Rinpoche Yangsi, Tsikey Chokling Rinpoche, Chokyi Nyima Rinpoche, y Kyabje Trulshik Rinpoche, a lo largo de varios peregrinajes a sitios budistas en Nepal e India.

En 1996 recibí formación en maestría Reiki con Carolyn Ford Taylor en la línea de Reiki Esencial originada por Diane Stein. Consecuentemente, descubrí una fuerte conexión con Kuan Yin (la forma femenina de Avalokiteshvara) como el ishta-devata y arquetipo motivando el sueño de mi encarnación. Esta experiencia y revelación me causó dar origen a Kuan Yin Reiki, y a fundar el centro Karuna.

Finalmente, después de trasladar mi residencia a los Estados Unidos en 2002, el karma me puso en contacto con el maestro Shanon Taicho, abad de la orden Hongaku Jodo de budismo de la Tierra Pura. Recibí formación en el Institute of Buddhist Studies asociado al linaje y fui ordenada Sensei (maestra de Dharma).

Este es el relato de mis principales maestros e inspiradores, cada uno jugando un rol diferente. Sumariamente, mi padre (Ernesto Ibañez Neach), Jiddu Krishnamurti, Plotino, Lao Tse, el Gita de Sri Krishna, el Isha Upanishad, Ramana Maharshi, los patriarcas Zen, D. T. Suzuki, Ramakrishna, Llum de la Selva, Aurobindo, Patanjali, los swamis de la India, Emilio Fiel/Rajneesh, Castaneda, los pioneros del movimiento por el potencial humano, Vimala Thakar, Shankara, Jnaneshwar, Sai Baba de Shirdi, los maharaj del Nav Nath: Nisargadatta, Ranjit y Siddharameshwar. Padmasambhava y todos los vidyadharas del Dzogchen. Y las tradiciones Mahayana de la Tierra Pura del maestro Honen, de la Prajnaparamita y del análisis Madhyamika del sabio Nagarjuna, y del Yogachara del adepto Vasubandu. Todos ellos han modulado mi comprensión original con una variedad de lenguajes y recursos por los cuales les estoy muy agradecida.

Namaste,

Clara Llum

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